sábado, enero 28, 2006

sin palabras 2



A veces, y aunque parezca curioso, hecho de menos el Metro de Madrid.


Quizás sea porque me ha marcado de alguna manera.

Parece mentira, echar la mirada atrás en la máquina del tiempo y ver como Alfonso XIII inauguraba un 17 de octubre, la primera línea 1 en 1919 con el trayecto de Cuatro Caminos – Sol (un total de 8 estaciones), cuantas cosas han pasado, y todo queda grabado, reflejado, plasmado en instantes. para esos seres que pasan en un espacio fugaz de su vida.

Aún recuerdo cuando apenas tenía 4 o 5 años aprox, aquellos vagones “moles de hierro” con su característico color rojo.



Recuerdo aquellos vagones llenos de ruidos estridentes, metálicos que aturdían la quietud de la mente. Aquellos mismo vagones que se iluminaban de unas caprichosas bombillas de tamaño considerable, que daban un color característico al interior del vagón.En aquellos vagones se podía encontrar un espacio semi-cerrado por barrotes en donde viajaba una persona que siempre iba de pie y se encargaba de vigilar la entrada y salida de personas y de cerrar personalmente mediante una palanca las puertas de su vagón.



Vagón que entre el ruido infernal y el aspecto retro-industrial eran por aquella época una especie de diversión y misterio al mismo tiempo. Misterio, y algo de terror al observar aquella poderosa y gran “boca” negra que parecía tragarlo todo, incluso la luz, era como un agujero negro, el cual por más que miraba en su interior no llegaba más cosa a mis ojos que el negro, puro y duro. Negro carbón, negro oscuridad, negro miedo.A veces llegué a soñar alguna que otra pesadilla con las estaciones de Metro y e de reconocer que eran realmente curiosas, casi de película.


Una de ellas y quizás la más inquietante, se ofrecía de la siguiente manera. Yo llegaba a la estación (no recuerdo si con mi madre o solo) y tras situarme en mitad del anden entre la pared y el borde de este, empezaba a sentir un temor extraño que se iba acrecentando según iba aumentando el ruido del metro que se acercaba (aún sin ser visible) aquel ruido característico que aumentaba paulatinamente.


Cuando dicho tren estaba acercándose a la estación (ya se veían a lo lejos las luces), de repente el propio anden empezaba a inclinarse cada vez más y más con el único y claro sentido de que yo resbalase y cayera en la vía del Metro.

Pero aparte de estas curiosidades de la mente, para mi como para la gran mayoría de la gente que vive o ha vivido en Madrid, el metro ha significado algo muy importante como medio de transporte, por su facilidad para poder moverse por la ciudad, su agilidad y rapidez.



Siempre he visto el metro como si fuese una segunda ciudad, distinta a la de la superficie, pero con sus tiendas, sus historias, sus músicas, sus gentes, sus anuncios, y sus peligros entre otros. Tiene una magia especial, sus pasillos y distintos ambientes según la iluminación etc.En cierto modo, cuando pasa el metro por la estación, es como si vieses pasar parte de tu vida en un flash en cual puedes perder o conseguir lo que te propones según cojas o no el vagón de tu destino.



Viajar en metro es en si mismo una filosofía de vida, un aprendizaje de paciencia, de tolerancia y respeto.Poco a poco el metro se ha ido modernizando, cambiando sus trenes y hoy aún en pleno proceso de expansión, crecimiento y modernización. Sus trenes ya no tienen nada que ver con los de antaño, aunque aún quedan algunos modelos semi-antiguos, los de hierro rojo ya los quitaron, esos pasaron a la historia.



Ahora esos vagones del Metro de hoy en día, por llevar llevan hasta televisión incorporada, para que los tímidos puedan mirar más allá de donde se cruzan las miradas, mientras que otros, las cruzan buscando otros ojos quien les miren y de fondo, conversaciones fugaces que se pierden en el espacio-tiempo.

Miradas que me recuerdan al silencio sin palabras, esas que dejaron aquel beso perdido en el tiempo y en el espacio, entre las luces y los oscuros.





Lugar de mestizajes de color, lenguas y pensamientos, de silencios, de tristezas, melancolías, alegrías, de historias increíbles y pasiones prohibidas.Al final uno abre los ojos y escucha, “final de trayecto” es hora de bajarse y subir a la superficie donde la ciudad sigue su pulso....




Y mientras subo a la superficie,

de nuevo me quedo sin palabras,

escuchando.



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Info:-Metro:

http://www.metromadrid.es/

http://www.metromadrid.es/default.asp?id=295

http://es.wikipedia.org/wiki/Metro_de_Madrid

11 comentarios:

Clau dijo...

Que buen post.
Por aqui no hay metros, asi que me gusto leer aceca de ese mundo. Todo un micromundo!
Pero me ha producido la misma sensacion que al salir de debajo del agua(¿?), aunque me fascina el universo que se ve ahi abajo, necesito salir y volver a ver la luz del sol en la superficie para sentirme segura.
Un beso. :)

Elen dijo...

Precioso post, Oscar. Es otra forma de ver el metro, aunque a mi me sigue inquietando un poco ir en él.

Fantásticas fotos!!

Besos.

Kuan dijo...

Me ha encantado, Oscar. Haces una descripción estupenda del Metro, de su historia, de esa filosofía que me descubres y que es real. Sí, creo que el Metro es en sí mismo una especie de ciudad subterránea, una ciudad cosmopolita llena de sorpresas y posibilidades.No me extraña que lo eches de menos, además, Madrid sin Metro no sería Madrid.

Un besito,amigo

azzura dijo...

Es un post magnífico ;) además he sentido añoranza; hace un par de meses viajé a Madrid y por allí me desplazaba en el metro.. estas fotos me recordaron ese viaje tan bonito, pienso volver, una y mil veces,y no tardando mucho

Un abrazo grande;))

Brisa dijo...

Casi que no he visto oscuridad...

Un abrazo

Bohemia dijo...

Debo ser un bicho raro, nunca monté en metro...En Abril voy a Barcelona, igual me estreno...

Saludos y besos

La senda dijo...

a veces me desborda o me asombra en pasear por sus pasillos o estaciones, y sentir toda esa energía que con el paso de tiempo se va acumulando en sus paredes, andenes, etc

es como si sutilmente, pudiese escuchar los pasos y voces o pensamientos de aquellos que ya no están...

es más, algunos, siguien ahí, persistentes como perdidos en el tiempo, sin saber a donde ir

por eso a veces toco las paredes, e intento sentir lo que me transmiten estas


saludos y gracias a todos

Lluneta_bcn dijo...

Entrar en esta web es un relajo y da gusto leerte y que fotos tan bonitas siempre.

un saludo cordial

Saulo Farrugia dijo...

Buenas, nuevo blog, para que envieis vuestros cuentos, relatos, poesía... y serán publicados en él, además el texto seleccionado, será publicado en forma de folletín en la revista de bolsillo: Flow Imagen que se editará en la ciudad de Málaga. Y verá la luz a mediados de este mes si nadie lo remedia. Para más información pasar por flowimagen.blogia.com

Julio dijo...

Me han encantado las fotos y la descripción.
Yo he estado en dos ocasiones trabajando en Madrid y tengo el grato recuerdo de viajar en metro, que era más rápido y eficaz en mi trabajo de vendedor, para visitar decenas de clientes en el día (no daba para más la jornada)
Sí que, en mi caso, las grandes distancias que tenía que recorrer, me hacían tener una representación de Madrid como de un monstruo que te va a devorar, asfalto y asfalto que no termina nunca. Yo viví mi niñez en mi pequeña ciudad, en la que das unos pasos y ya tienes el campo.

zhenda dijo...

siiiiii, yo también tengo muchas historias en esa subciudad, incluso una vez me pasé un día entero en ella. mira que le tengo cariño al metro de madrid. también las tengo desagradables, como quedarme encerrada de noche dentro de una estación esperando un último metro que no llegó ayayayayay
pero lo peor, peor que las cucarachas o las cacas de perro en lugares públicos lo peor son las hormonas rancias, no las que huelen mal (que también) sino las que impulsan a acercarse demasiado a las inocencias.