miércoles, noviembre 02, 2005

el bosque cercano



No hago más que llegar a la gran ciudad, y el sonido desbordante que reciben mis oídos es incesante, a veces curioso, llamativo, y a veces molesto.

Es ese lugar donde a pesar de los males, uno se siente como en casa, parece conocer cada rincón de esa ciudad que durante tanto tiempo me alojó.

Resulta enigmático recorrer sus entrañas bajo su superficie, encontrándose en si misma, todo un abanico de matices, colores, culturas, idiomas, etc, y todo ello no hace sino confirmar mi sentimiento de que todos los pueblos, todas las culturas de este planeta, son hermanos, y que todos en paz, respeto y tolerancia pueden convivir juntos.


En ese Madrid castizo y lleno de tantos matices, me encuentro con una luz especial que encontré no hace mucho tiempo, y que me ha sido grato compartir pensamientos, reflexiones y amistad.

Y entre el gran bullicio de la ciudad, apenas unos pasos, y cruzando un semáforo, nos adentramos en ese gran bosque cercano, que por suerte dispone esa ciudad.

El bosque cercano que te permite, pasear, relajar y calmar tu mente.

Simplemente dejarte llevar, y dejarte sentir la naturaleza.

Avanzamos y el día por suerte se presenta con un sol primaveral y una temperatura agradable.

Me dejo llevar entre la conversación y el sentir del aire con el aroma a bosque recién humedecido por la lluvia de esos días. Los pájaros nos acompañan como si quisieran escuchar la conversación, o simplemente sentir nuestra buena armonía.

Siento, me detengo y respiro profundamente ese olor a bosque, a vegetación, a hojas caídas de este otoño tan extraño.


Dejo que la brisa, que nos acompaña, me acaricie la mejilla, acaricie mi pelo y sobre todo acaricie en si misma todo lo que nos rodea. Es un momento maravilloso.

Para mi tan especial y espiritual como pueda ser una meditación, porque al final pienso yo, que la forma de sentir, de vivir y valorar las cosas que nos rodean, es también una forma de espiritualidad o de sentir la búsqueda interior.

Me siento afortunado de poder sentir tantas experiencias que nos llegan de este maravilloso mundo, por sencillas que sean.


El día pasa lentamente pero no hace tregua al tiempo, y los segundos, minutos y horas pasan sin cesar, pero no importa, me siento a gusto conversando, charlando y descubriendo nuevas cosas, aprendiendo de la luz que me acompaña.

De vez en cuando no puedo evitarlo y prefiero captar ese instante en algunas imágenes que quedarán en el recuerdo digital de la memoria.

Al final del día, nos abrazamos, nos despedimos y agradeciendo haber tenido un día distinto, y especial.


Ese bosque cercano, lleno de recuerdos y sensaciones, llamado El Retiro.

3 comentarios:

Elen dijo...

A veces las ciudades esconden lugares maravillosos, sólo hay que saber observar.
Preciosa tu descripción, he podido captar esa luz yo también.

Un saludo

Bohemia dijo...

Nunca estuve en el retiro, pero quiero conocerlo cuando vuelva a Madrid...
Besos de azúcar

Kuan dijo...

Parece que fue un día perfecto, con la mejor compañía: la amistad y la naturaleza.

Un abrazo ;.)